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Refugiados de lujo y de miseria [2]

Laura Fernández | Brazos en cabestrillo, muletas, sillas de ruedas… Los heridos de guerra pasean por la calle principal que se extiende ...

Refugiados sirios en el campo de Zaatari (2013)  | © Laura F. Palomo

Laura Fernández |

Brazos en cabestrillo, muletas, sillas de ruedas… Los heridos de guerra pasean por la calle principal que se extiende desde la entrada de Zaatari hacia el interior del campamento. En Mrajeeb Al Fhood, ningún refugiado aparenta estar convaleciente. El doctor Mohamed asegura que los afectados por el conflicto son atendidos en un hospital que Emiratos gestiona en la cercana ciudad de Mafraq, por lo que son transferidos al campamento ya totalmente recuperados.

“Aquí no tratamos temas graves, solo ofrecemos atención primaria, todo tipo de convalecencias y sobre todo atendemos a muchas mujeres embarazadas”, argumenta el médico desde la sección clínica, vallada y dispuesta en torno a una plaza simulada con bancos de madera y techado, donde los pacientes esperan a que les llegue su turno.

Sin embargo, diversos trabajadores del campamento de Zaatari, que prefieren mantener el anonimato, sospechan que la ausencia de heridos en el campamento emiratí responde a una selección previa que hacen de los refugiados.

Refugiados de segunda

Lo cierto es que los dos campos emplazados en parajes desérticos, e incluso el segundo, a 20 kilómetros de Zarqa y más retirado de cualquier atisbo de civilización, ofrecen aspectos notablemente contrapuestos. Las placas solares que dispensan agua caliente y calefacción y el sistema de agua corriente que cerca uno de los laterales del campamento de Mrajeeb Al Fhood permiten intuir las condiciones en las que viven los refugiados.

Todo el campo en su totalidad está levantado con contenedores metálicos de distintos tamaños que se entregan a las familias, dependiendo del número de miembros. Las estructuras más grandes del campamento corresponden a la mezquita, la lavandería, tres salas de estar, con televisión plana: una para mujeres, otra para hombres y una tercera para niños; los almacenes, una cocina industrial en la que se prepara toda la comida y se reparte individualmente y, finalmente, un supermercado al que solo suelen ir a comprar los trabajadores porque el resto de refugiados recibe, además, suministro de productos básicos que utilizan en las cocinas comunes.

Los refugiados de Zaatari compran y venden en un mercadillo propio porque hay escasez

En Zaatari, los puestos de productos, comida y ropa antes se concentraban en la calle de entrada y desde hace tiempo se han extendido entre las tiendas de campaña que se multiplican diariamente; ahora, mezcladas con contenedores metálicos en lo que parece un mejora paulatina del campamento.

Los refugiados utilizan su propia moneda siria al lado del dinar jordano y venden y compran en su propio mercado para, según argumentan, compensar la escasez de productos que reciben de las organismos internacionales de ayuda y los países donantes. Algunos reciben dinero de familiares o de organizaciones de apoyo y en consecuencia han ido afluyendo productos de necesidad desde las localidades jordanas más cercanas.

Ahmed (nombre ficticio) reconoce tener más calidad de vida desde que afronta su minusvalía en una caravana y no en una tienda de lona, donde ha vivido durante meses con sus nueve hijos. Llegó a Zaatari al poco tiempo de su inauguración después de que un proyectil de uno de los bombardeos del régimen cayera en su terraza.

Lo que no ha mejorado es su economía. Al contrario, la falta de recursos económicos le impide comprar el pollo para la makluba (comida típica con base de arroz y patata) que nos ofrece. Se disculpa. “Solo quiero recordar que cuando nuestros vecinos han estado en guerra, los sirios los acogimos en nuestras casas”, se lamenta, en referencia al enorme número de refugiados iraquíes que llegaron a Siria en la última década. “A nosotros nos han puesto en medio del desierto”.

Zaatari es bullicioso, caótico, transitado; se producen manifestaciones semanales contra las condiciones del campamento. “Prefiero a mis hijos debajo de las bombas que esto”, se retuerce Mohamed con una frase bastante repetida entre los refugiados. Los servicios han llegado de forma desigual a cada una de las secciones en las que se divide el campo que debido al crecimiento constante no sale del círculo de la desigualdad.

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Infronteras: Refugiados de lujo y de miseria [2]
Refugiados de lujo y de miseria [2]
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